¿Cómo ayudamos a la infancia a reconocer y manejar sus emociones?

 

Claves para el acompañamiento emocional y para ayudar a afrontar este nuevo curso escolar

 

Volver a ver a sus amigxs, conocer que profe les toca, estrenar mochila… hace que para la infancia la vuelta al cole sea un día especial. Las madres y padres lo sabemos, pues también hemos pasado por ello, y desde esa perspectiva personal participamos en la ilusión de nuestrxs hijxs. El día anterior, al igual que hacemos la noche de Reyes, somos capaces de sostener su emoción sin dejarnos arrastrar por ella.

En esto consiste la heterorregulación emocional: en que las figuras significativas del menor regulan sus emociones para que éste/ésta con el tiempo aprenda a regularlas por sí mismx (autorregulación). Para que la heterorregulación sea posible, las personas adultas han de poder gestionar sus propias emociones, pues van a ser ejemplo y guía. Si estamos bloqueadxs por nuestras propias emociones no podemos conectar con las demás personas.

Un nuevo curso “atípico y complejo”

Este año las circunstancias son muy diferentes. Septiembre arrancó con la constatación de estar viviendo la segunda ola de la pandemia y con muchas dudas de cómo se produciría el inicio de curso, si es que se producía. Todos estos acontecimientos son activadores del sistema de amenaza, y tal como plantea Paul Gilbert en su modelo, facilitan las emociones del espectro del miedo, la ansiedad y la ira. Ser conscientes de ello es fundamental, pues nuestro estado va a determinar el tono emocional con el que nos comuniquemos y éste marcar su sentido y comprensión.

Para darnos cuenta de la dificultad que van a tener las familias para regular a sus hijxs y transmitirles seguridad, pensemos en cómo pueden afrontar la incertidumbre del inicio de curso madres y padres que han perdido su trabajo con motivo de la crisis económica que estamos viviendo; en aquellos que les ha fallecido algún familiar; en lxs que estuvieron en la primera línea de trabajo en la primera ola de la enfermedad o en quienes dependen de lxs abuelxs para conciliar… Ejemplos reales, frecuentes, cercanos de cómo nos ha impactado la COVID-19.

Y la infancia, ¿cómo están afrontando esta nueva etapa escolar?

Con dudas y muchos cambios a los que adaptarse. Nuevas normas, nuevos espacios, nuevas rutinas… demasiadas novedades que no favorecen que el/la niñx sienta el colegio como un lugar seguro, pues ha dejado de ser un entorno controlable y predecible. Menuda paradoja, lxs adultos queriendo protegerlxs, fomentamos su inseguridad.

Las limitaciones en el juego, la comunicación y el contacto físico es lo que más les duele, mucho más que el uso de la mascarilla, aunque esto sea lo visible. Reconocer estas situaciones y ponernos en su lugar nos va a ayudar a entender reacciones incomprensibles en otras circunstancias. Así podemos encontrar que en estas semanas estén más apáticos, irascibles, mimosos, con dificultades para dormir o cambios en el apetito. Es la forma que tienen de expresar la dificultad para asumir tantos cambios. También debemos interiorizar que adaptarse a esta situación exige un aprendizaje, por parte de ellxs y nosotrxs. Nos vamos a equivocar. Ser tolerantes con los errores y saber aprender de ellos es un ejercicio para toda la familia.

¿Qué nos podemos encontrar estos días?

 

 “Me agobia la mascarilla”

“No pude abrazar a mis amigos”

“¿Cuándo va a acabar todo esto?”

“Hay normas absurdas”

¿Qué podemos hacer para ayudar en el periodo de infancia?

 

  • Ser consciente cómo estoy yo y desde dónde le voy a hablar: desde el miedo, ansiedad, hastío, angustia… Lxs niñxs son grandes observadores, captan nuestro estado anímico fácilmente, si éste es incoherente con el contenido del mensaje no lo toman en cuenta. Si estoy desbordado emocionalmente por algún acontecimiento es mejor que me retire, lo posponga o delegue.
  • Ver la emoción y nombrarla. Para ello es imprescindible atender más que a lo qué dice, al cómo. Si le preguntamos qué tal en el cole y nos responde “bien”. El significado de ese “bien” nos lo va a dar el tono, la postura, la mirada…toda la parte no verbal. Ese “bien” tan general, que puede ser cualquier cosa, tenemos que identificarlo. Daniel Siegel, autor de “El cerebro del niño”, llama a esta técnica de regulación: nombrarlo para dominarlo. Para este ejercicio nos podemos ayudar de libros como el Emocionario, que ofrece un amplio repertorio de vocabulario emocional.
  • Validar su emoción. Todas las emociones tienen valor, también las que producen malestar. El enfado es válido, otra cosa diferente es cómo lo expreso (aceptamos la emoción y regulamos su expresión). Pero, aceptar y permitir los sentimientos negativos no es fácil. Vivimos en una sociedad negacionista del dolor. “Eso no es nada”, “ya se te pasará”, “tampoco es para tanto”: son respuestas habituales a la demanda de atención de una persona que sufre.
  • Intentar conectar con su emoción. Nosotrxs también en algún momento a lo largo de esta pandemia nos hemos sentido cansados, enfadados, tristes o aburridos. Decirles que nos hemos sentido cómo ellxs no es una forma de alargar su sufrimiento. Todo lo contrario, es una forma de sintonizar con su dolor y facilitar que se “sientan sentidos”.
  • Ayudarles a generar alternativas de actuación. Habitualmente las madres y padres nos saltamos los pasos anteriores y les decimos lo que tienen que hacer, porque nosotrxs sabemos lo que es mejor para ellxs. Puede que sí (o puede que no), pero al hacerlo de esta manera lxs estamos rescatando y en cierto modo incapacitando. Ya que no les permitimos que reflexionen, decidan, se equivoquen y por tanto aprendan. En el periodo de la infancia necesitan de nuestra compasión, tal como la entiende Gilbert: sensibilidad al sufrimiento y motivación para querer aliviarlo y prevenirlo.
  • Si preguntan, responder con sinceridad. No sabemos cuándo va a acabar ni qué medidas se van a tomar en el futuro. Lo que sí les podemos decir es que cuando conozcamos algo que les va a afectar se lo vamos a contar. Nuestxs hijxs han de sentir que pueden confiar en nosotrxs.

Libertad Culebras, psicóloga y experta en asesoramiento familiar.