Incertidumbre y frustración: las kriptonitas de la sociedad actual

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“La vida en sí misma no es precisamente inmediatez y certeza, sino todo lo contario: incertidumbre y tiempo de espera en muchos casos.”

Llevamos décadas siendo testigos de la rapidez con la que se suceden los avances tecnológicos. Nos hemos “malacostumbrado” al hecho de poder tener a golpe de clic y casi de manera inmediata, cualquier artículo que necesitemos, a tener acceso a información múltiple y diversa, a conocer y ver lo que pasa en cualquier lugar del mundo como si estuviésemos siendo testigos directos de esos acontecimientos, etc.

Todo esto nos ha reportado innumerables ventajas y hasta nos ha facilitado de algún modo la vida a nivel organizativo y logístico. No obstante, esta nueva cultura de la “inmediatez” y la “certeza” no nos ha salido gratis, hemos pagado el precio, casi sin darnos cuenta, de olvidarnos que la vida en sí misma no es precisamente inmediatez y certeza, sino todo lo contario: incertidumbre y tiempo de espera en muchos casos.

Solo tenemos que volver la vista a aquello que siempre ha estado ahí (la naturaleza) para darnos cuenta de este hecho. ¿O es que acaso por mucho que deseemos que llegue una determinada hora del día podemos adelantar el tiempo?. ¿Acaso podemos saltarnos los nueve meses de gestación que requiere un embarazo por mucho que anhelemos tener ya a nuestrx hijx en brazos?. ¿Podemos conseguir a golpe de clic o en solo 24 horas el proceso de transformación que sufre una bellota hasta convertirse en un hermoso y frondoso roble?

“La vida está llena de procesos que requieren tiempo”

No, ¿verdad? Existen innumerables ejemplos en nuestro entorno que nos demuestran a diario que la vida está llena de procesos que requieren tiempo y que, además, están llenos de incertidumbre, es decir, desconocemos lo que va a pasar hasta que nos llega. Sin embargo, en ocasiones vivimos bajo la errónea creencia de que podemos “controlar” muchas más cosas de las que realmente están en nuestra mano y queremos ver los resultados al momento.

Esto ha provocado que cada vez con más frecuencia nos encontremos con mayores dificultades a la hora de gestionar los momentos de frustración e incertidumbre que la vida nos pone delante. Y, para muestra, solo tenemos que observar cómo gestionamos las circunstancias actuales tan convulsas que nos están tocando vivir en estos tiempos de pandemia.

Así que, dadas las circunstancias, hoy quiero que reflexionemos juntxs sobre cómo, en 4 pasos, podemos ayudarnos a nosotrxs mismxs y a las demás personas a relacionarnos de manera sana con la incertidumbre y la frustración que en ocasiones sentimos.

1. PRACTICA LA ACEPTACIÓN:

Saber comprender que existen circunstancias en la vida que no elegimos y que no podemos controlar es fundamental para no caer en la frustración. En ocasiones, podemos confundir resignación con aceptación. No obstante, nada tiene que ver una práctica con la otra.

Resignarnos implica victimizarnos y dar algo por perdido. Aceptar es realmente no pelearnos con las circunstancias, sino pararnos a pensar qué podemos hacer ahora con las cartas que nos han tocado en esta partida, sin empeñarnos en que nos den otras o pensar que el reparto ha sido injusto.

2. PERMÍTETE EXPLORAR Y EXPERIMENTAR LO QUE SIENTES:

Transitar de manera sana por las emociones implica abrirnos a aquello que estamos viviendo o experimentando por desagradable que pueda resultarnos. Todas las emociones tienen una función adaptativa que nos ha ayudado a evolucionar como especie hasta lo que somos a día de hoy. No intentemos meter debajo de la alfombra emociones como la tristeza, el enfado o el miedo. No sirve de nada negar lo que sentimos.

Pongámosle nombre, tomemos consciencia de cómo la estamos sintiendo a nivel corporal y observemos los pensamientos que nuestra mente nos lanza en relación a esa emoción que sentimos, pero sin identificarnos con ellos, es decir, teniendo presente que son solo eso (pensamientos), no son la realidad. A continuación, conectemos con lo que necesitamos en ese momento. Pregúntate que viene a decirte esa emoción, qué necesidad podrías satisfacer y trabaja en ella.

3. CÚIDATE Y PRACTICA LA RESILIENCIA:

La capacidad de resiliencia es la que nos permite transitar por los momentos de dificultad con el objetivo de aprender del proceso y encontrar recursos que nos permitan enfocarnos en soluciones para así llegar a buen puerto.

Para desarrollar esta capacidad, es fundamental que cultivemos hábitos socio-emocionales saludables que nos sirvan de colchón en los momentos de dificultad como, por ejemplo: establecer relaciones sociales (tener una red de personas que nos apoyen y escuchen), trabajar en nuestro desarrollo personal (conocernos, dedicarnos tiempo, ser amables con nosotros mismos, flexibles, etc.), tener metas o motivaciones y conectarnos con el momento presente. Recordemos que todo lo que existe está en el aquí y el ahora.

4. PON EL FOCO EN LO QUE SÍ LOGRAS HACER O VA BIEN:

Nuestro cerebro es una máquina diseñada para garantizar nuestra supervivencia. Es por ello que de forma natural le resulta más sencillo poner el foco y recordar aquello que pueda ser una “amenaza” para nuestra supervivencia, es decir, lo negativo. Por esta razón, es importante que ayudemos de forma consciente a nuestro cerebro a centrarse en aquello que ya tiene y no en lo que le falta, en aquello que sí hacemos día a día, en lo que sí conseguimos, en lo que sí sabemos y no justo en lo contrario.

Para ello, un buen ejercicio puede ser escribir cada día antes de acostarnos 10 cosas que hayamos vivido ese mismo día por las que nos podemos sentir agradecidxs y afortunadxs. De este modo, le estaremos facilitando la labor a nuestro cerebro de no dejarse arrastrar por los estímulos “negativos” que nos producen incertidumbre y frustración. No tienes más que probarlo.

Marián Cobelas
www.mariancobelas.com