No es mal momento para empezar

 

La educación sexual debe formar parte de la vida familiar. Para ello, la comunicación entre las familias, la confianza y la información son herramientas imprescindibles.

Estos días se llenan las redes sociales y medios de comunicación de posibles sugerencias para pasar las horas. No podemos parar ni en una emergencia sanitaria mundial. En nuestro día a día no nos dedicamos el tiempo suficiente para procesar todo eso que nos va pasando. Tenemos en nuestras cabezas la única meta de ser personas productivas para esta sociedad en la que el rendir es el valor personal por excelencia, y pensamos que, si nos paramos, nos quedamos fuera. Ahora más que nunca, esto nos arrolla y nos invade la necesidad de seguir generando contenido para sentir que seguimos en esa rueda productiva y que somos importantes para nuestra sociedad.

El quedarnos en casa sin hacer nada, no parece ser una opción. Tenemos miedo. Si paramos y nos bajamos del ritmo frenético que llevamos, corremos el riesgo de que nos aborden todos esos fantasmas de los que incluso, sin saberlo, llevamos huyendo mucho tiempo. Tenemos miedo de sentir, de conectar con nuestras emociones y de que cuando eso pase, no sepamos gestionarlas.

Entiendo que no es fácil. Sobre todo, porque nadie nos ha enseñado. Aprendemos muchas cosas a lo largo de nuestra vida, pero el conectar con nuestro cuerpo, con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, no está en esa lista de prioridades. Aprender a sentir cómo nos afecta lo que vivimos, qué emociones nos generan y cómo podemos gestionarlo, es un aprendizaje que debería de empezar desde que venimos a este mundo que habitamos.

Es por esto, entre otras muchas cosas, por lo que no podemos parar de reivindicar la educación sexual en los colegios. Cuando se habla de educación sexual, muchas veces obtenemos respuestas de rechazo, sobre todo cuando hablamos de edades tempranas. Pero es que, precisamente, cuanto antes empecemos, mejor.

Es fundamental que la gente entienda que cuando hablamos de educación sexual, hablamos de una infinidad de aspectos que nos atraviesan a todxs y cada unx de nosotrxs. Hablamos de cuerpos, de emociones, de sentimientos, de convivencia, de respeto, de cuidados, de amor, de tolerancia, de diversidad y de un largo etcétera. La educación sexual tiene tres objetivos claros: conocerse, aceptarse y aprender a expresarse de un modo respetuoso tanto con unx mismx como con su entorno.

Conocernos, aceptarnos, para poder querernos y tratarnos bien. Es el aprendizaje más importante que podemos dar a las criaturas: que no hay cuerpos, identidades u orientaciones equivocadas, que sientan que son queribles tal y como son. Conectar con nosotrxs mismxs, para poder conectar con las demás personas de la mejor forma posible.

Por lo tanto, si alguien me preguntase como creo que puede ser la mejor forma de pasar estas semanas, le sugeriría dos cosas. La primera, le diría que pare. Que se escuche, que se sienta y que se dé permiso para sentir. Es lógico sentir miedo, inseguridad, incertidumbre, tristeza, melancolía y un amplio abanico de emociones que intentamos esconder tras cortinas trabajo, lecturas, cursos, juegos o llamadas compartidas.

La segunda propuesta es para las familias que tienen hijxs en casa, de que aprovechen. Estos días están perdiendo clase, es cierto, pero en muchos casos también están perdiendo otras actividades educativas; por la parte que me toca de cerca, talleres sobre educación sexual. La educación sexual, ese tema que nos da auténtico pavor abordar con nuestras criaturas. Sólo os pido que confiéis. Sois capaces, lo podéis hacer, y quién mejor que vosotrxs para (si no se ha hecho todavía) empezar. Muchas personas dirán: “nunca he hablado de eso con mis hijxs, ¿cómo puedo hacer?”. Pues con paciencia y calma.

Si todavía son pequeñxs seguro que es muy fácil, ya que todavía no tendrán tan interiorizado que “de eso no se habla”. A través de cuentos, de las propias vivencias, contándoles hasta donde nos sintamos cómodxs, pero siempre desde la verdad. Esto último es muy importante, ya que si les mentimos, en cuanto se den cuenta, perderán la confianza que nos tienen y dejarán de preguntarnos.

Si ya no son tan peques y el sexo ya se ha convertido en un tema tabú en casa, podemos aprovechar que en la televisión, redes sociales, canciones, etc., tenemos, a diario, mensajes y contenido que nos puede dar pie a abordar el tema. Ir soltando algún comentario o preguntarle qué opinan sobre algún tema concreto puede ser una buena forma de ir rompiendo el silencio y el muro que levanta la vergüenza. A veces la respuesta será el silencio, es lógico. Simplemente hay que darle tiempo y no desistir. Lo importante es empezar a construir ese puente poco a poco, con paciencia y cariño.

En ocasiones, lo que les pasa a muchas familias es que tienen miedo a no saber contestar. No pasa nada. No pasa nada por decir que no sabemos algo, podemos buscarlo juntxs o contactar con alguna persona profesional que nos asesore. Pensemos que, ante el desconocimiento, nosotrxs tenemos más opciones de acceder a recursos fiables, de distinguir una buena información de una no tan buena o de contactar con profesionales.

Lo más importante en todo esto no es tener muchos conocimientos, sino que nos tengan por personas con las que puedan contar o a las que acudir si necesitan algo. Que sepan que pueden confiar en nosotrxs, que no vamos a minimizar sus preocupaciones o sus miedos, que no les vamos a regañar por hablar de sexo, que no les vamos a juzgar o a querer menos porque sean ellxs mismxs y se muestren tal y como son y que, si no sabemos alguna cosa o no se nos ocurre una solución inmediata a alguna dificultad, nos preocuparemos de buscarla en lugar de evitar el tema.

Al fin y al cabo, de lo que va esto, como diría mi compañera de trabajo, Martina González Veiga: “lo mejor que podemos hacer por nuestrxs hijxs, es ser para ellxs un puerto seguro al que acudir en días de tormenta”.

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Sabela Maceira Mato. Educadora Social y Sexóloga. Responsable del área de educación sexual del Centro de Sexología Con mucho gusto!