La educación de nuestros hijos compromete a ambas partes, familias y educadores. Y las compromete de una misma forma, pues como resultado surgirá un nuevo adulto el día de mañana, sí, aunque también tiene que surgir un/una niño/a feliz y capaz en el día de hoy.
La investigación nos dice que las alianzas entre escuela y familia tienden a desaparecer con el progreso de la etapa escolar, a menos que exista un trabajo combinado de ambos sectores, dirigido hacia el desarrollo de prácticas de relación apropiadas para cada uno de los niveles educativos. De lo contrario, las familias tienden a desaparecer del panorama educativo a partir de Secundaria.
Brunet, Carrazo y Herrero-Martin conciben el centro educativo como un espacio relacional, abierto, flexible, con un flujo constante de entradas y salidas de procesos, recursos, productos… con claridad y transparencia en sus metas y criterios; un lugar donde se reconoce el papel de todos los agentes educativos y se potencia el encuentro como fuente de riqueza y aprendizaje en sí mismo.
Proponen el siguiente ejercicio de reflexión-análisis-guión que ahora os presentamos. Puede servir para medir nuestra temperatura relacional, tanto en los centros como en las familias, respecto a la importancia que se otorga a esta relación y la disposición y compromiso para buscar y encontrar puntos de encuentro y relación.